En un 19 de Agosto del año 2008 fui aquel que creía que
en su inocencia de captación de las
historias de amor que le contaban en novelas o lo que creía que era amor, la vio
a los ojos y dije ella es el amor de mi vida.
Sus ojos representan pureza, como el color blanco, su
pelo una suave lluvia dorada que no mojaba, tu tez blanca y sueva como la nieve
que cae en un mano descuidada tal vez juguetona e inocente.
En esa tarde él se sintió fuerte le hablo con la mirada
casi como si se conocieran hace siglos, o hacia falta ni hablar, esa tarde era
de los dos nomas uniendo miradas como cual cómplices en acto de amor, aunque no
paso de algunos besos, roces . Ellos eran inconscientes en el amor, era poco
serio darse besos por ahí, ella tan chica, conociendo horizontes en el amor y
el tan experimentado, jugaron a ser niños y sus manos pequeñas se juntaban en
un roció fresco y lleno de fantasías, donde el castillo era de la princesa y el
príncipe es una figura donde él se sentía imponente.
En una noche cualquiera, el frió llego a los ojos de ella
y él quiso saber por qué ella estaba tan así alejada, no eran dolorosos sus
dichos. Pero en esa noche la sueva niña, se convirtió en un mar enfurecido.
Diciéndole a su príncipe, que el rey dio la orden de que no lo podía ver más,
el joven príncipe, se sintió plebeyo al saber que ella era solo la sombra de lo
que fueron y en una noche fría él le
confeso a gritos que es lo único que a él le quedaba. Ella agarro sus cosas y
se fue.
La rosa, de un gran amor se marchito, el nuevo plebeyo
acepto su condición creyéndose el culpable de todo lo que paso. Juntándose con
amigos para olvidar, el castillo le quedaba grande para el sin ella, sin un
alago, sin una caricia, sin un te amo. Y confirmo a uno de ellos que es lo que
paso, lo comprendió, pues así, se preguntó a él ¿Sera que no la merecía? ¿Ella era mucho para mí?
¿Realmente estaré llorando? O está lloviendo en mis montañas de amor…
